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Referente mundial de la industria del churro gracias a la digitalización

Industrias José Luis Blanco exporta más del 70 por ciento de su producción y lleva la maquinaria para la elaboración de churros a más de un centenar de países

Un afán constante por mejorar ha llevado a Industrias José Luis Blanco ser el referente mundial de la industria del churro. Sí, mundial. Sus máquinas, fabricadas en las instalaciones del barrio de Las Flores, están en más de un centenar de países y han permitido que este producto típico español llegue a millones de personas, de tal modo que sea el más conocido de la gastronomía española en todo el planeta.

“Los churros son un producto cada vez más conocido y se integran en otras culturas, no sólo en la cultura española o latina y nosotros esperamos estar ahí acompañando en su expansión”, asegura Belén Blanco, gerente de Industrias José Luis Blanco, quien añade: “Es otra manera de hacer Marca España, que nuestro producto, los churros, sea la comida española más conocida en el mundo y que vayan de la mano de una maquinaria nuestra es un orgullo”.

La digitalización ha sido clave para avanzar en el proceso de expansión internacional de este dulce español. Una apuesta que se remonta a los años noventa; en este aspecto, son también pioneros. La página web era su carta de presentación y todo el que buscaba churros llegaba hasta Industrias José Luis Blanco. “Es más fácil que las personas interesadas en poner en marcha una churrería lleguen a nosotros a través de la web que nosotros a ellos”, resume la gerente de la empresa. Gracias a aquella apuesta, hoy día más de 70 por ciento de su producción sale de España.

El proceso de innovación no se limitó a la venta y el marketing, sino también a la gestión y, pronto, Industrias José Luis Blanco se puso a la vanguardia en su maquinaria, que desde hace una década ya incorpora pantallas digitales y desde hace dos años comercializan modelos con conectividad. “Hay que tener en cuenta que hablamos de un sector muy tradicional como es el de los churros por lo que creo que tiene más importancia si cabe. Ha ido de la mano de nuestras inquietudes y mejorar el servicio fuera de España para ofrecer un servicio posventa más fácilmente”, apunta Belén Blanco.

Ese espíritu de constante aprendizaje y modernización es lo que llevó a la empresa a sumarse a la última convocatoria del programa Valladolid Consolida del Ayuntamiento de Valladolid con la Cámara de Comercio e Industria de Valladolid y CEOE Valladolid para seguir avanzando en este campo. “Teniendo en cuenta que la digitalización es un proceso que no acaba, porque cada vez hay más cosas nuevas, siempre nos gusta estar al día y cuando nos dan la posibilidad de entrar es una herramienta que creemos que nos puede venir bien”, explica Belén Blanco

En su caso el proceso de evaluación confirmó que el grado de madurez digital era muy avanzado y aconsejó abordar uno de los procesos de gestión de la empresa como es la digitalización de las nóminas, que se ha comenzado ya a aplicar en la empresa. “Hay tantas cosas por hacer, que podríamos haber escogido cualquier otra cosa”, añade la gerente de la compañía.

Servicio integral

La colonización de nuevos mercados ha llevado también a Industrias José Luis Blanco a aumentar su cartera de servicios. “En un principio, solo ofrecíamos la maquinaria porque teníamos un cliente tradicional, churrerías de padres a hijos, conocían el proceso y solamente necesitaban la máquina”, relata Belén Blanco. “Con el tiempo fuimos viendo que cada vez quería entrar más gente nueva en el sector y había que apoyarle en todo lo que necesitase. Empezamos ofreciendo todo tipo de accesorios que van con la maquinaria, seguimos con los consumibles que se necesitan: harina, aceite, paquetería, chocolate… y terminamos con la formación para que el cliente sepa desde el primer momento cómo elaborar los productos y cómo utilizar nuestra maquinaria”, añade.

Formación que ha llegado hasta negocios de grandes chefs de renombre mundial como José Andrés que cuenta con su propia churrería en el Mercado Little Spain, un espacio de 3.200 metros cuadrados, que puso en marcha junto a los hermanos Adriá en Nueva York.